Carta a la Luna 187 – Ojalá estuvieras

Estuviste siempre ahí, al salvarme de mi mismo, eres esa medicina y una dulce enfermedad, me volviste a inspirar, lo que dice tu mirada sin hablar es espacial, energía que alimenta cada carta hambrienta, me haces mucho bien y no sé si te das cuenta, sé que puedo esperar, pero a veces es difícil porque creo que te veo y la verdad es que ahora mismo, no estás.

Saliendo de un abismo, con tu mano en la mía, el universo estalló, empezó a llover color y el silencio me gritó, tu sonrisa es una droga espacial recorriéndome las venas, yo intentaré llegar en una pieza, te quisiera encontrar aunque me pierda, pero a veces es difícil, porque creo que te veo y la verdad es que ahora mismo, no estás.

Entre el espacio y la pared, a veces yendo al revés, eres musa inevitable, batería infinita entre mis manos y el papel, me empecé a mover cuando aprendí a no correr, empecé a respirar casi sin aire a tu lado y reviví, tengo tanto para ti…pero a veces es difícil, porque creo que te veo y la verdad es que ahora mismo, no estás.

Carta a la Luna 50

El astronauta la vio, el corazón se incendió en calma, golpeando la puerta de sus ganas…escribió la carta número cincuenta:

Quiero ser sincero en esta carta y decir directamente que te quiero,

que revivo cada día cuando llegas aunque sienta que me muero,

hice un curso acelerado de astronauta para andar por tu sendero.

Me enseñaste a salvarme de mi mismo y el poder de un abrazo,

ya no creo en el fracaso de dejar de respirar ni de perderme en el espacio,

tengo un concierto golpeando en el pecho sin parar por más de un año.

Quiero ser directo y decirte que me enamoro ocho veces por semana,

que me inspiras con tu vida palpitando a mi lado en las mañanas,

que importa si me apaga un soplido esta noche o me frenan en la aduana,

si al final ya habré vivido, y te llevo aquí conmigo, nada más me hace falta.

No consigo explicarte porque te siento tan fuerte en todo lo que hago,

tal vez no deba hacerlo sino simplemente dejar que fluya sin cuestionarlo,

aunque quisiera decir tanto, aprendí a callar, en el espacio no hay sonido,

por fin aprendí a dejar de gritar y por eso ahora te escribo.

Hoy hago el intento de decirte lo que siento sin llegar a molestar,

es muy intenso lo que llevo dentro, siempre en movimiento sin poder parar

pero sé, que es más fuerte mi deseo de verte feliz para que no pares de brillar,

luna, sé feliz…conmigo, sin mi, pero siempre: tú, contigo.